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lunes, 2 de junio de 2008

El loro 'Elvis' aterroriza a una ciudad

02.06.2008

El loro 'Elvis' ha sido acusado de bombardear con sus desechos e insultos a varios vecinos del municipio de Wilsden (Reino Unido).

No contento con los ataques verbales intenta agredir a los ciudadanos a picotazos. "Es una mascota adorable y no pretende hacer daño a nadie. Preferiría liberarlo antes que tenerlo metido en una jaula", explica su dueña, Melissa Pikul.

"Es cierto que 'Elvis' tiene un poco de mal genio y que sabe unas cuantas palabras malsonantes pero es una gozada tenerlo a mi lado", insiste.

Sin embargo, un vecino no opina lo mismo: "El puñetero pajarraco es una pesadilla para todo el pueblo. Cada vez que paso por delante de su casa recibo un insulto", según publica Metro.co.uk.

domingo, 25 de mayo de 2008

Las grandes plumas también saben insultar

23/05/2008
  • A lo largo de los siglos, los escritores han usado el insulto como un arma
Góngora y Quevedo. (Ilustración: Ulises)

MADRID.- Siendo la palabra el arma natural del hombre y el insulto su munición, no resulta sorprendente que los grandes maestros de la literatura hispana hayan disparado sus más poderosas balas.

A lo largo de los siglos, el insulto ha servido para deshonrar socialmente a alguien. Félix Lope de Vega, Francisco de Quevedo, Diego de Torres y Villarroel, Leandro Fernández de Moratín y Camilo José Cela, son algunos de los grandes que, ya sea como defensa o como ataque, han insultado con sus más preciosas letras.

Las palabras de la jerga ofensiva que han sido utilizadas por estos autores han sido recogidas en el recién publicado 'El gran libro de los insultos' del escritor Pancracio Celdrán Gomariz.

En el siglo XVI, Lope de Vega destacó por la diferencia en el uso del lenguaje entre sus personajes plebeyos y nobles. En sus dramas, el uso de insultos y vulgarismos fueron recurrentes para indicar el estatus social. También en su lírica, al hablar de sus tormentosos amores y odios, recurrió a estos adjetivos calificativos:

"Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso"

En el siglo XVII, la lucha literaria entre Quevedo y Luis de Góngora terminó reflejándose a nivel personal. En un poema, Quevedo se refiere a Góngora:

"Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino".

A sus insultos, el cordobés respondió:

"Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope".

Diego de Torres y Villarroel es un gran representante del insulto en el siglo XVIII. Con su temperamento irreverente y su constante cambio de vida, el salamantino compuso sonetos burlescos, como 'Confusión y vicios de la corte':

"Mulas, médicos, sastres y letrados,
corriendo por las calles a millones;
duques, lacayos, damas y soplones,
todos sin distinción arrebujados".

La lírica y el drama de Leandro Fernández de Moratín destacan por su burla a la sociedad del siglo XIX. Las obras de teatro, 'El sí de la niña' y 'La mojigata' están llenas de insultos. Lo mismo ocurre con la obra en prosa 'La derrota de los pedantes', que desde su nombre está condenada por el insulto.

El ganador del premio Nobel Camilo José Cela destacó por su rebeldía y agudeza. No sólo fue el responsable de que se incluyera la palabra 'coño' en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, sino que escribió su 'Diccionario secreto', donde explicó el significado de las palabras altisonantes.

Contra el enojo... ¡insulte!

25/05/2008
  • 'El gran libro de los insultos' recoge más de 10.000 palabras altisonantes
  • El autor asegura que México es el país más rico en insultos
MADRID.- Si alguien lo ha hecho enojar, no se limite, insulte. Pero antes, no se olvide de consultar 'El gran libro de los insultos', en donde encontrará más de 10.000 adjetivos calificativos para remediar su ira.

Y es que, según el doctor en Filosofía y Letras Pancracio Celdrán Gomariz, autor de esta obra, el insulto está justificado porque funciona como una válvula de escape.

"El insulto es un arma positiva porque se actúa desde la defensa pero se evita la violencia física, se pasa de los golpes. Claro que el insulto es positivo cuando no es gratuito, cuando está cargado de razón", ha dicho en entrevista para elmundo.es.

Ha agregado que es válido insultar, ya sea como acto de justicia o como un acto de caridad. "Si hay alguien que es imbécil se le debe decir: no sea usted imbécil, mejórese. Es un acto de compasión".

La esfera de los libros ha publicado recientemente este libro que recoge el trabajo de 40 años de investigación de Celdrán, y que, en sus más de 1.000 páginas, ha recolectado la jerga ofensiva del mundo hispanoparlante.

"Las ventajas de este gran diccionario son que la etimología de los insultos está investigada y explicada; se muestra el uso del insulto, según una autoridad, y se detalla su evolución", ha detallado el también catedrático.

Para quienes abusan del elogio, Celdrán ha incluido unos 400 insultos como adulador, arribista, chinchorreo o trepa; para los que abusan del alcohol, se encontrarán palabras como colocati o borracho; para quienes presumen, fanfarria, baladrón, bravucón o fantasma.

Así, a quienes quieran cultivar sus adjetivos insultantes para todo tipo de ocasión, ya sea por necesidad o por originalidad, será necesario recurrir a 'El gran libro de los insultos', en donde el chiquilicuatre, será definido como "zascandil, don nadie, mequetrefe o pelanas".

México, el corazón del insulto

Dice una popular canción de Paquita la del Barrio: "Alimaña, culebra ponzoñosa, desecho de la vida, te odio y te desprecio. Rata de dos patas te estoy hablando a ti porque un bicho rastrero, aun siendo el más maldito, comparado contigo, se queda muy chiquito".

Con esta picardía que caracteriza a los mexicanos, no extraña que el país azteca sea el más rico en insultos de todo el mundo hispanoparlante.

"México es el corazón del insulto. Los insultos más creativos, los más graciosos son los de México. Incluso, morfológicamente los insultos de origen prehispánico suenan a insulto, aunque no se conozca su significado", ha dicho el escritor.

Esto, sin olvidar la influencia que los andaluces, extremeños y castellanos ejercieron durante la conquista y la colonia.

Celdrán, quien ha alimentado su investigación en los diversos países por los que ha transitado, ha asegurado que aún tiene material para, por lo menos, tres libros más.

"El insulto es una especie de psicografía, de la radiografía del alma, del interior de la persona porque, a diferencia del elogio, refleja justamente lo que se siente, por eso los insultos seguirán aumentando y evolucionando".